Consejos para un buen Home Office

Algunos consejos para estos días en los que nos toca trabajar desde casa!

“En casa” no es “en pantuflas”

Trabajar en el mismo lugar en el cual vivimos puede generar cierta tentación a la holgazanería. Es muy común que quienes no acostumbran practicar el home office piensen que quienes sí lo hacen se la pasan todo el día en piyamas y pantuflas. Error. No te quedes en tu piyama todo el día. Lo más aconsejable para encarar la jornada de trabajo con energía es que tu rutina matutina no cambie. Esto significa no sólo que desayunes como siempre sino que procures vestirte como lo hacés habitualmente.

Aunque resulte tentador optar por prendas más cómodas que las que exige la política corporativa de tu empresa, no llegues al extremo de quedarte en piyama de sol a sol. No hay estudios ni cifras que lo confirmen, claro, pero cualquier freelancer podrá explicarte por qué vas a predisponerte mejor a cumplir con tu jornada si antes te vestís para la ocasión como cualquier otro día. No importa qué ropa vistas, la prueba está en responderte si estás listo para salir a la calle.

Reinventar espacios

Generar un buen espacio de trabajo dentro de casa es otro de los puntos clave para que esta nueva rutina de oficina puertas adentro resulte productiva y agradable a la vez. En las empresas, muchos ocupan escritorios en plantas abiertas que generan una sensación de espacio compartido. Para ellos, encontrarse en la soledad de la casa sin otras personas con quienes interactuar puede resultar una rutina poco motivante e incluso generar cierta somnolencia.

En el otro extremo, hay quienes están acostumbrados a pasar su jornada laboral protegidos en la soledad de su propia oficina, con grandes lapsos en los cuales no tienen contacto con otros. Para ellos, la idea de trabajar en casa compartiendo un espacio con otros podría generar sensación de invasión o tentarlos a la desconcentración. Es importante que cada persona busque replicar en su casa las condiciones en las que se siente más cómodo para trabajar. Las dimensiones de tu hogar pueden condicionar esta idea, pero siempre hay lugar para ser creativos y generar un nuevo espacio o reinventar uno ya existente.

Podrías preguntarte primero cuál es el lugar de la casa que mejor recrea tus condiciones laborales habituales (desde la intimidad de un escritorio aislado de los demás ambientes hasta la exposición total de la mesa del living o el comedor, compartiendo espacio con otros). Podría ser también la oportunidad para replantearte si ese lugar es el que elegirías como ideal o si hay otro entorno que te resulta más cómodo o agradable para trabajar. Esto puede darte la pauta para que, cuando regreses a la oficina, modifiques o mejores alguna característica de tu espacio de trabajo actual. También es una buena oportunidad para darle utilidad a ciertos espacios de la casa que hasta ahora estaban en desuso.

Por último: prestemos especial atención a la silla que elegimos para trabajar. La cama o el sillón pueden sonar tentadores pero propiciar, con las horas, una postura poco saludable y el riesgo de dormirnos frente al monitor. En ese sentido, una buena iluminación es otro de los puntos que deberíamos cuidar durante este período de trabajo hogareño.

Los otros y nosotros

¿Estamos solos en esta cuarentena de home office o compartimos el espacio de casa con otros? Es importante comunicar a los demás miembros de la familia o compañeros de vivienda la necesidad de que se respeten los espacios durante el tiempo en que debamos trabajar desde casa. Esto puede implicar modificar ciertas rutinas del hogar o coordinar nuevas pautas de convivencia. Puede ser, incluso, una buena excusa para revisar rutinas familiares disfuncionales e incluso para renovar o redescubrir vínculos puertas adentro.

Minimizar distracciones y entrar en modo offline

Los estímulos de una casa no son los mismos que los de un lugar de trabajo. Mucho cuidado con esto. Es muy fácil distraerse con lo que nos rodea en casa e incluso aprovechar para solapar tareas hogareñas con las laborales. Todo esto podría afectar nuestra concentración durante la jornada y preocuparnos si sentimos que nuestra productividad corre riesgo de disminuir o que la rutina diaria no rinde de la misma manera. Lo primero es proponernos respetar el horario de trabajo tal como si estuviéramos en la oficina, organizando nuestros descansos y nuestro horario de almuerzo de la misma manera. Y mantener el resto de las tareas por fuera de esos horarios, en la medida de lo posible (ni la rigidez extrema ni la desorganización completa ayudan).

Para quienes acostumbran trabajar rodeados por otros compañeros de trabajo, la TV, radio o música pueden simular el clima de oficina o bien generar una gran compañía, siempre y cuando no interfieran con nuestra concentración. Es importante que, si trabajamos muchas horas frente a una computadora y nuestras tareas demandan mucha concentración, nos ubiquemos en algún lugar que no presente demasiados estímulos visuales que nos tienten a desviar la mirada permanentemente: evitemos sucumbir ante el síndrome de la ventana indiscreta. Ayuda mucho a mantener nuestra atención enfocada que dispongamos de algunos de nuestros objetos laborales cotidianos (un block de notas, la agenda) cerca de la computadora. Se trata de recrear algo de nuestro escenario habitual.

Una linda licencia de la experiencia home office es que programemos recreos o pausas durante el día para relajarnos con un buen café o mate tal como lo hacemos en la oficina, pero con la comodidad de nuestro espacio. En dosis moderadas pero periódicas, estos momentos estimulan la creatividad y renuevan nuestras energías para el resto del día. Si estamos solos trabajando en casa, estas pausas pueden ser también un buen espacio para la introspección, para disfrutar de unos minutos de lectura o bien para conversar con alguien a la distancia vía teléfono o chat, simulando las casuales charlas de pasillo.

Otro truco para evitar distracciones y garantizar la concentración es activar el modo offline. Es posible que, por nuestra responsabilidad o rol en el trabajo necesitemos participar de reuniones virtuales o a distancia con nuestros equipos (algo que facilitan las múltiples herramientas tecnológicas para realizar videollamadas y para gestionar archivos compartidos). Otros profesionales simplemente necesitarán máxima concentración en solitario para completar ciertas tareas durante su jornada laboral.

En cualquiera de estos casos, activar el modo offline implica desalentar distracciones: asegurarse de silenciar las notificaciones del celular, alejarlo de nuestra vista o simplemente apagarlo, e incluso cerrar ciertas pestañas abiertas en nuestro navegador que puedan resultar factores de distracción. Hay quienes van al extremo y activan el modo avión en sus computadoras, para trabajar fuera de línea en algún documento sin siquiera correr el riesgo de ser distraídos por el correo electrónico entrante. Si nos toca compartir el espacio con otros miembros de la familia o convivientes, utilizar auriculares también puede ayudar a concentrarnos en una tarea.

Si trabajamos coordinados con otra gente a distancia o somos líderes de un equipo, puede ser útil comunicarles en qué momento entramos en modo offline, especialmente para no generar impaciencias entre aquellos que acostumbren a encontrar respuestas inmediatas de nuestra parte. Ante la imposibilidad de acercarnos a los escritorios de quienes integran nuestro equipo para conversar y evaluar los avances de proyectos y tareas, resulta útil implementar mensajes de chequeo periódico a lo largo del día a través de un simple grupo de WhatsApp. Pensemos de antemano cuántos de estos chequeos realizaremos en el día y cada cuánto serán necesarios, de manera tal que no resulte algo invasivo ni agobiante para los demás, sino que simplemente nos ayude a sincronizar las tareas dentro del equipo, además de garantizar fluidez y conexión con los demás.

Desarticular El Día de la Marmota

Confinados en nuestros hogares, lo primero que cambiará de nuestra rutina es que ya no habrá viaje a la oficina. Lo positivo y lo negativo de este cambio: por un lado ganaremos valiosos minutos de nuestro día; por el otro, correremos el riesgo de caer en El Día de la Marmota en el que los días se convierten en un sinfín de despertares y atardeceres repetidos y monótonos. ¿Consejo? Aprovechá esos minutos en los que solías viajar para compartir un desayuno más largo en familia o en solitario, o para realizar una actividad que tenías postergada hace tiempo. Que tu cuarentena no se convierta en un loop de despertar y anochecer frente al monitor.

Antes de empezar el día, resulta muy útil organizar una lista de tareas por hacer o temas que requieren resolución de nuestra parte durante la jornada. Desconectarse de los ritmos de una oficina puede generarnos ciertos desarreglos en la rutina. Una buena lista ayudará a mantenernos enfocados en los objetivos diarios. Repetir esto al final del día con lo que ha quedado pendiente para mañana nos permitirá también “cerrar la puerta” imaginaria de la oficina al final de nuestro día laboral para relajarnos en casa.

Mientras que muchos pueden celebrar o encontrar atractiva la práctica de este home office obligado, lo cierto es que los cambios de rutina abruptos generan ansiedad y angustia en algunas personas. Procuremos reorganizar nuestras jornadas de manera tal que saquemos un provecho positivo de la experiencia, siendo conscientes de que estos pocos días de rutina atípica resultan clave para cuidarnos entre todos y para frenar la pandemia del coronavirus. Como dicen, no hay mal que dure cien años.

Por: Aixa Rocca