Marta Vernengo: Vocación Cooperativista

Cuando alguien dedica su tiempo a realizar acciones solidarias en servicio a la comunidad, con compromiso y pasión, con pura vocación y entrega, convencida de que ese hacer constituye la mejor obra de una vida, sin esperar nada a cambio, se hace doblemente merecedora del reconocimiento social. Por eso la entrega presente de esta sección está dedicada a una mujer mendocina, alvearense para ser más precisos.

Marta Vernengo, a través de muchos años contribuyó a fundar y sentar las bases de la educación y de la cooperación¡y lo hizo con alma!Su profesión le encantaba,la participación con sentido solidario en todos los ámbitos constituíasu mejor gratificación, alegría y recompensa, en tantola hacían sentirse bien con ella misma.

Siempre llena de proyectos y de hacer cosas, no pasójamás por su mente que esa entrega al otro y a los otros,fuera merituada y destacada. Como pocos lo entienden, Marta comprendió quecooperares conacción, es decir, trabajar con otros, juntos, en equipo, destinada a potenciar el territorio que se habita.

Con los demás hay un mejor sabor

“Lo que rescato de mi accionar es que los humanos sabemos genéticamente que juntos es más fácil; que los errores en conjunto se aceptan y superan con más naturalidad; que varios piensan mejor que uno; que todos tenemos algo para dar y que los triunfos logrados y entregados al conjunto tienen mejor sabor”, señala con pleno convencimiento.

Inicios en la docencia

Con esa cadencia tan típica, dulce y simpática de la región mendocina, Marta nos cuenta sus inicios en la docencia, actividad que acompañó y enriqueció con el cooperativismo.Así supimos que nació en la ciudad de Mendoza en diciembre de 1942, que con diecisiete años se recibió de Maestra Normal Nacional y partió hacia el sur de su provincia a trabajar en escuelas rurales de General Alvear, Carmensa y Malargüe.

“La ayuda mutua, la solidaridad y los principios cooperativos estaban implícitos en esas comunidades, porque de lo contrario era muy difícil vivir en ese ámbito.

Por otra parte, les hacía falta organización para llegar a las autoridades y peticionar lo que necesitaban y les correspondía.

Armamos compras comunitarias entre maestros, creamos en las escuelas, Cooperativas Escolares para fomentar la ayuda mutua entre los alumnos.

Desarrollamos junto al INTA clubes rurales en distintas escuelas para capacitación agrícola y cooperativa.

Junto a la Municipalidad, maestros y habitantes de un distrito pudimos concretar la instalación del agua potable. 

Organizamos el comedor escolar para cien niños,donde las cocineras eran las madres sin cobrar nada.”

Una anécdota graciosa

“Cuando llegué a Carmensa me hospedé en la finca de mi Directora, cuya casa era con piso de tierra y el baño una letrina separada de la casa, hecha con cañas, con una altura de no más de 1,50 m., sin techo, puerta de lona y un cajón con inodoro. Usando un día ese baño, siento el motor de un camión que pasaba por un camino interno que se dirigía al cementerio, en cuya caja iban varios adultos y niños.

Al instante escucho una voz infantil que me grita: ¡Adiós Señoritaaa! Solo atiné a levantarle el brazo respondiéndole el saludo.

Seguro que era un alumno, pero yo no pregunté quien había sido ni nadie me dijo nada. Lo tomamos como algo natural, porque todo el entorno era así, y había cosas más importantes que resolver.”

La camaradería ayuda

Su segundo destino docente fue en Malargüe. “Con invierno de hasta 20º C bajo cero, con botas caminábamos en la nieve para ir a la escuela. Ésta era muy confortable porque se llamaba Gendarmería Nacional y los gendarmes del destacamento nos ayudaban mucho.Con ellos hacíamos las compras comunitarias, los actos escolares con desfile por la única calle asfaltada del centro y los bailes para recaudar fondos.

El clima era gélido, pero eso no impedía que nos juntáramos de noche a jugar a las cartas o a conversar. La camaradería te ayuda a vivir en esos lugares”, recuerda.

La ruta de la miel

Rememora que junto a la Cámara de Turismo formaron la Primera Ruta Alimentaria con la miel que fraccionaban en la Cooperativa APIMEN, emprendimiento fruto de la formación lograda con los apicultores de la zona.

Una Cooperativa que era miel pura

“Mi esposo trabajaba en el INTA, encargándose del desarrollo de la apicultura en toda la provincia, por ello vivía armando cooperativas e incentivándolos para que crearan una fraccionadora para vender el producto con valor agregado.

Yo ya me había jubilado en la docencia tras una carrera como directora y supervisora, por lo tanto, aposté con trabajo y dinero para la concreción de Apícola El Nevado, la segunda planta de fraccionamiento en toda la provincia aprobada por el SENASA.

Después de diez años de mucho movimiento la continuaron un grupo de apicultores.”

El Barrio Jardín

Integró el Consejo de Seguridad representando a la Unión Vecinal del Barrio Jardín donde vive, el Sindicato de Trabajadores de la Educación, y también se hizo tiempo para participar de la Asociación y Mutual Educadores Provinciales Jubilados.

Junto a su esposo y otros amigos, fundaron y administraron la Cooperativa La Primera que con el Banco Hipotecario construyó el Barrio Jardín. Cuando se jubiló la convocaron para hacerla cargo de todos los comedores escolares del Departamento.

Labor en la Fundación CECSAGAL

“La Fundación CECSAGAL se creó allá por el 2012 para ayudar en las distintas necesidades delos sectores más necesitados del departamento. Nuestro lema es “ayúdanos a ayudar”. Se financia con un pequeño aporte mensual que realizan voluntariamente los asociados-usuarios del servicio eléctrico que suministra la Cooperativa de Electricidad, Consumo, Comercial, Vivienda, Servicios de Telecomunicaciones, Telefonía e Internet y Servicios Asistenciales General Alvear Limitada.

De esa manera se juntan entre 60 a 70 mil pesos mensuales, los cuales se dirigen a resolver las necesidades del medio. Se reciben los pedidos por nota y la Comisión de la Fundación se reúne, de la cual siempre he sido secretaria. Las instituciones o gente que realizan pedidos, son convocados a la reunión para que expliquen sus problemas y así poder darle la mejor solución. Hablando cara a cara ayuda a entenderlas situaciones que los papeles no te lo dicen”.

“Las escuelas también nos piden ayuda, hemos tratado de resolver necesidades y la parte de salud individual, De esa manera, con conexiones con gente de Mendoza, o de la Municipalidad, ayudamos muchas veces a conectar la luz, aportando medidores, ya que es una cooperativa eléctrica, con materiales, pilastras. En realidad, se hace mucho.

Este ha sido el cometido que ha tenido la fundación desde que se creó: ayudar con un aporte pequeño de muchos, lo que hace posible concurrir a solucionar los problemas existentes, las distintas necesidades.

El Consejo de Administración de la Cooperativa CECSAGAL también aporta cuando la circunstancia lo requiere. Trabajamos en conjunto con un grupo muy lindo, homogéneo, con ideas muy claras y precisas, gente grande y jóvenes, dispuesto a salir, a golpear puertas, a buscar, y a encontrar. No es cansador, lo recompensaba el sentirnos bien con el trabajo.”

“Tengo miles de anécdotas, tal como es la vida. Rescato lo que me ayudó a vivir. Porque tuve la posibilidad de ser directora y lo fui. Dos años, de la escuela más grande del Departamento, sin embargo, me sentía atada porque estaba todo hecho. Prefería las escuelas rurales porque allí podía realmente hacer Patria.”

Colofón

Magnífico ejemplo de una mujer imbuida de los valores y principios cooperativos. Por ello nos enorgullece recuperar su historia de vida, proyectándola al país y el mundo.